Karlos Nero, hincha fanático del club rojinegro, contó la ayuda que le prestaron a los seguidores del club de Valparaíso, luego de que su bus se volcara en la carretera cerca de Talca.

Conocidos en todo Chile son los seguidores de Rangers, quienes son incondicionales siguiendo al club de sus amores en las buenas y en las malas. Sin importar donde juegue, siempre hay un grupo importante de fanáticos alentando al equipo, ignorando los kilómetros de distancia o la tabla de posiciones.

Fidelidad a toda prueba no solo con el equipo, sino que, con toda la región, que cada vez que ha sufrido algún drama natural, como los incendios forestales el verano pasado o el terremoto el 2010, ha visto como este grupo de personas, desinteresadamente se ha puesto a disposición y ha ayudado con los que más lo necesitan.

Espíritu solidario que una vez más quedó de manifiesto este domingo en la madrugada, cuando pasando por alto las camisetas o viejas rencillas entre Rojinegros y Panzers (nombre de la barra de Wanderers), no lo pensaron dos veces y fueron en ayuda de esos hinchas que minutos antes, se habían volcado en la carretera cerca de Talca y que las personas con heridas fueron derivadas hasta el Hospital Regional de la capital maulina.

“Estaba en un asado familiar y cuando me fui a la casa, vi antes de acostarme por redes sociales que unos bus con hinchas de Wanderers habían tenido un accidente y que los habían mandado al Hospital de Talca. Ahí hablé con un amigo, Gonzalo Eduardo y fuimos a ver en qué podíamos ayudarlos”, comenzó contando Karlos Nero, nombre en el que es conocido en la barra Los Rojinegros.

“Cuando llegamos –continuó-, hablamos con los chiquillos y nos dimos cuenta que había niños y les compramos unas churrascas, unas leches, unas bebidas. Después llegó otro barrista, Rodrigo Fous, quien trajo con unos polerones y unos cargadores de celular, para que ellos pudieran volver a conectarse con sus teléfonos, al rato apareció el Mella, también barrista, que ayudó a una niña que necesitaba un cuello ortopédico, y como justo él tenía uno, lo fue a buscar a su casa y se lo regaló”.

Luego, Karlos Nero comentó que, tras la ayuda brindada, obviamente los seguidores de Wanderers demostraron su gratitud hacia los hinchas de Rangers. “Ellos estaban muy agradecidos y sorprendidos con nuestra colaboración, porque habían existido antiguas rencillas en partidos pasados, pero nosotros les dijimos que las barras de provincias tenemos códigos y en este tipo de situaciones las camisetas pasan a segundo plano y somos todo uno”, argumentó.

Pudo haber sido uno de nosotros

Siguiendo por varios años a los piducanos sin importan dónde jueguen, los barristas saben perfectamente que están expuestos a este tipo de accidentes, por eso cuando se enteró de esta situación, en donde había personas que necesitaban de la ayuda, Karlos Nero, se cuadró con los que estaban sufriendo. “Nosotros viajamos siguiendo a Rangers por todo Chile y eso le puede pasar a cualquiera, por lo que cuando vi que se volcó el bus con hinchas del Wanderers, se me apretó el pecho y me puse a pensar que pudo haber sido uno, por lo que sentí que no estaba demás ayudar y me nació colaborar”.

“Estuvimos con los chiquillos desde las 1.30 hasta las 8.00 de la mañana, acompañándolos, hasta que supimos que el bus que venía de Santiago, ya estaba cerca. Después incluso nos tomamos unas cervezas afuera del Hospital”, rememora este barrista, que demostró que muchas veces por estereotipos y prejuicios son mirados en menos por mucha gente, que desconoce el aporte que ellos prestan constantemente.

“Nos hicimos amigos con cuatro de ellos y nos dijeron que estas cosas no se olvidaban y que cuando vayamos a Valparaíso, iban a devolvernos la mano. A mi Facebook me han agregado muchos wanderinos, así que ojalá que cuando juguemos en contra, podamos hacer un asado o compartir alguna cerveza”, agregó luego.

Por último, este fiel seguidor de la institución talquina, contó de dónde viene esta pasión que marca su quehacer diario. “Yo de chico iba con mi papá al estadio, hasta que una compañera del Liceo de esos años, me invitó al estadio a que conociera la barra y después ya no me salí más. Sigo a Rangers donde juegue, voy a la mayoría de los partidos, desde hace años que viajo y gracias al equipo conozco casi todo Chile, de Arica hasta Puerto Montt, los estadios antiguos y los nuevos, de la A y de la B” finalizó.

Así comenzó una historia de amistad entre dos hinchadas que entendieron que los colores y las camisetas, pasan a segundo plano, cuando se está enfrente a un problema en que la solidaridad y el compromiso por las personas así lo requiere.

Una vez más el fútbol demostró que en este juego existen rivales, no enemigos.

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